San Sebastián 2012

 
A Mohedas, como a todas las cosas bellas, hay que mirarlo despacito, como quien quiere saborear algo poquito a poco.

Y en la medida en que se nos va descubriendo nos iremos dando cuenta del gran pueblo y mejor gente que ante nosotros tenemos. Y no decimos esto porque estas líneas vayan destinadas al viajero o visitante que aún no lo conoce, que también, sino que precisamente quieren hacer ver a aquellos hombres y mujeres de Mohedas la lozana y fresca hermosura de nuestro pueblo y su entorno y que, quizá por tenerlo tan a la vista, todavía muchos no hayan sido capaces de descubrir.

Tantas veces pisamos sus calles, vamos tantas y tantas veces a los mismos sitios que no vemos todo lo que Mohedas nos ofrece. Quizá todo consista en mirar con los ojos bien abiertos, con los ojos del corazón, en mirar tranquilamente y escuchar, si ,también escuchar. Escucha y te hablarán aquella estrecha y retorcida calle, los muros de aquella casa, la chimenea humeante, aquella ventana con su vieja reja de hierro, aquel arroyo cantarín que se precipita a una charca, el viento que mueve un mar de espigas doradas o la imponente sierra que todo lo ve. 
    

 
Sierra de Altamira

 

 
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